DIA 2. Noche de liberación



A las puertas del umbral del nuevo ciclo es fácil reencontrarse con sus guardianes, conocidos también como nuestras resistencias. Estas cumplen una función dentro de nuestro proceso de crecimiento personal, indicándonos si estamos bloqueadas en algún aspecto, así como también mostrándonos los progresos realizados en nuestras vidas.

Las resistencias o nuestros propios adversarios internos son esa vocecita interior que nos impide escuchar nuestra intuición y seguir la verdad de nuestro corazón. Es ese pensamiento que surge y nos desafía diciéndonos cosas como… ¿acaso crees que puedes hacerlo?... No saldrá bien... No voy a ser capaz de hacerlo... Esto es culpa mia... ¿Tendrás tiempo suficiente para hacerlo bien?... ¿Segura que quieres arriesgarte a hacer ese cambio?... ¿Y qué va a pasar con mi pareja o mis hijos?... Cállate seguro estas equivocada... ¿que van a pensar de mi?... ¿Realmente me servirá para algo?... Creo que soy demasiado joven/vieja para ello... ¿Sabré lo suficiente?... ¿Crees que eso te sienta bien?...

Estas resistencias representan lo que podemos llamar nuestros monstruos internos, esas heridas emocionales, apegos y limitaciones que nos mantienen en la mal llamada “zona de confort” y que retrasan nuestro crecimiento, nuestra transformación y nuestro empoderamiento.

Son nuestros propios aspectos sombríos manifestados en aspectos de personas con las que nos cruzamos y que nos dificultan, nos frustran o nos enfadan. Y también son las partes de nosotras mismas que negamos e igualmente nos limitan, como la dependencia, la culpa, la rigidez, las expectativas, la perfección, la intolerancia, el control, la agresividad desenfrenada, las ilusiones u obsesiones, la victimización…

Los adversarios son esa parte de nosotras que se niega a observar y aceptar cualquier aspecto destructivo. También surgen como aquello que silencia e incluso destierra al olvido nuestra verdadera naturaleza. Habitualmente es duro reconocernos y amarnos en esas partes de nosotras mismas que rechazamos, obviamos e incluso matamos. A veces, podemos sentirnos hundidas y desvalidas, victimas de nuestros propios monstruos internos. Podemos negar la evidencia y salir corriendo. Pero llega el momento en que ya no hay forma de ocultar lo obvio, ya que hemos herido profundamente el centro de nuestro propio Ser y necesitamos afrontarlo. En ese instante necesitamos centrarnos, hacernos conscientes y tomar la fuerza interior necesaria para liberarnos.

Nuestras resistencias surgen cada vez que vamos a dar un paso importante en la transformación de algún patrón interno limitante, como el último gran paso a dar si realmente estamos convencidas de ello. Son verdaderas llaves de toma de conciencia. Realmente no deberíamos juzgarlas como buenas o malas, sino simplemente reconocer su presencia y ser conscientes de su labor. Algo que, en muchas ocasiones, no suele resultar tan sencillo de realizar como de decir.

Si somos capaces de observarlas sin juicio, podemos soltarlas, liberarnos, transformarnos y renacer. Es necesario vaciarnos y entregarnos a la muerte de lo que creemos que somos para poder crear aquello que realmente queremos.

Convertir nuestros monstruos en compañeros de viaje, aceptarlos y abrazarlos nos permite despertar a la auto-compasión (entendiendo esta como la capacidad de amarnos incondicionalmente), unificando adentro nuestro él quien creemos que somos y él quien podemos llegar a ser liberadas.

PROPUESTA PRACTICA:
  • la vela del aire y otra vela nueva para el fuego
  • lapiz, lapices de colores, rotuladores... y papel (lo que tu quieras para dibujar, pintar o escribir al final de la meditacion)
  • tu espacio sagrado en el que puedes continuar agregando lo que tu sientas durante estos días.
  • un espacio libre en el que poder moverte
Te invito a que esperes a realizar la práctica cuando el sol ya se haya ido. Ve a tu espacio, coloca todo lo necesario a mano, y ponlo a tu gusto. Cuando sientas que estás lista para empezar, apaga todas las luces, para iniciar la práctica partiendo de un espacio a oscuras. A continuación enciende primero la vela del aire y después la del fuego. Observa las llamas durante unos segundos, y como ayer, se consciente de como la oscuridad se desvanece.
Colócate de pie en el espacio, con los ojos cerrados y las rodillas un poco flexionadas. Escucha la meditación.


Ten cerca de ti todo lo necesario para que después de la meditación no disperses tu energía en ir a buscarlo.

Disfrútala, y si te apetece, comparte algo de la experiencia vivida con el grupo.

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